He completado la primera semana de Aterriza Residencias coordinada desde el Centro cultural las Cigarreras en Alicante, y tengo que decir que me está flipando. Es la primera vez que hago una residencia artística. Tenía formada una idea de cómo podría ser, pero por ahora ha superado todas mis expectativas.
El primer día que llegamos, Leticia, la coordinadora, nos hizo un resumen de qué caminos seguir, el espacio del que disponemos, el material que podemos usar, pero sobre todo que teníamos plena libertad para gestionar nuestros horarios y sin la presión de tener tiempos de entrega de informes sobre la evolución del proyecto.
La gestión del tiempo en procesos creativos es algo que me lleva de cabeza. Los plazos de entrega para ciertas cosas a veces es algo bueno, pero para un proceso del que apenas tienes control, que tu cerebro establece los ritmos, que un día cualquiera en menos de una hora parece que ya hayas acabado pero que luego pasas días estancado mirando Instagram para no pensar que estás estancado mirando Instagram, esos plazos no son tan favorables. El hecho de que esta residencia sea así, con la calma y sin presión, hace que el trabajo fluya a su ritmo.
Durante esta primera semana he establecido los tiempos de preproducción (3 semanas), los de producción (2 semanas) y postproducción (3 semanas), junto con un desglose de todo lo que debería de tener en cuenta en cada fase.

También me he puesto en plan «investigador para encontrar a un asesino en serie» y he colocado todo el material que tenía recopilado sobre la pared de mi box, incluyendo cada ritual del documental LAS MEDIDORAS, con sus respectivas descripciones, los objetos necesarios para hacer estas prácticas y sus moodboards, además del tratamiento separado en tarjetas (post-it) para visualizar un montaje previo.

Para mostrar ciertos rituales tengo pensado montar unos bodegones, grabando generales y planos detalle de manos realizando el ritual. Aprovechando que había un evento en las Cigarreras, y que sabía que iban a venir unos amigos/colegas, que son la gente de Realmente Bravo, les comenté que si podían echarme una mano con los aspectos visuales de estos bodegones. La estética y la utilización de las composiciones en su trabajo es brutal. Les comenté el proyecto y dijeron que encantados, que me echarán una mano.
Por otro lado, ya tenía en mente contar con Laura Villamisar para el tema de la dirección de fotografía. Es una amiga/colega con la que coincidí en el rodaje del cortometraje de un amigo/colega. Ella trabajó como script, ayudante de dirección y algo de producción, las cosas típicas que suceden en cortometrajes independientes de la Vega Baja. Muchos oficios, una persona. La cuestión es que hace un año empezó el Master internacional de dirección de fotografía de cine EFTI, aunque ya le seguía la pista y me gustaba mucho su trabajo como fotógrafa, contacté con ella para el proyecto y está encantada.
Por ese lado ya me quedo mucho más tranquilo, tengo una idea somera del aspecto visual del documental, pero no tengo estudios técnicos de foto ni de video, mi aprendizaje a sido un poco a salto de mata. Contando con toda esta gente para que me ayuden, mi cerebro vuelve a la calma.
Todo lo demás que he hecho durante esta semana es organizar mi nueva vida, mis nuevas rutinas. Ha sido una semana muy loca y, como cualquier hijo de vecino, estoy montado en un carrusel de emociones, desde lo personal, lo profesional y lo que se prende que sea un cambio vital. Cierto que no tengo nada claro, y que me da pavor ese salto al vació, a lo oculto, donde las sombras son más amigables que mis propias dudas, más acogedoras que mi propio yo. Pero me da más miedo todavía quedarme quieto, estático, paralizado por todo lo que me envuelve.
El salto está preparado, sé que debajo hay algo, no sé si será un océano reconfortante o alambre de espinos, pero lo que sí tengo claro es que voy a saltar.
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